La revista de fútbol escocesa Nutmeg publicó hace unos días un extenso artículo dedicado a William Alexander Mackay, fundador del Recreativo de Huelva, natural de la localidad de Lybster. En la publicación, que reproducimos a continuación, analizan el papel pionero del doctor Mackay en el fútbol y cómo se gestó la fundación del Decano del fútbol español.

Como muestra de la unión entre Lybster y Huelva, mañana visitará el Nuevo Colombino la directiva del Lybster FC, equipo de la localidad natal de Mackay y que juega en la liga amateur de Caithness, que presenciará el partido entre el Recre y el Talavera.

 

EL PIONERO DEL FÚTBOL

De Caithness a Andalucía: el doctor escocés Alexander Mackay inició el deporte en España cuando fundó el Recreativo de Huelva en 1889.

Por Jack Davidson

Dado nuestro bajo estatus actual en el mundo del fútbol, los escoceses buscamos a menudo consuelo en el hecho de haber sido partícipes de la expansión del juego en muchas partes del planeta, en países que, desde entonces, han ido evolucionado hasta convertirse en referentes mundiales, dejándonos bastante atrás.

Dado el mucho tiempo trascurrido y la escasa documentación disponible, es difícil verificar de forma concluyente la autoría escocesa en la iniciación del deporte en ciertos territorios. Pero sí parece claro que jugamos un rol importante en los orígenes del fútbol en los siguientes países, entre otros: Argentina, Suecia, Brasil, Rusia, Chile, Uruguay y México, por no mencionar a nuestros vecinos del sur, donde el escocés William Mc Gregor fue el que estableció la Liga de Fútbol.

Otro país que hay que incluir en esta lista es España, donde el vínculo, en los momentos iniciales de la práctica del fútbol, nos lleva hasta Caithness.

En 1889, el Real Club Recreativo de Huelva, el más antiguo del país, fue fundado por el doctor W. Alexander Mackay, originario de la población de  Lybster, que llegó a España en 1882 para practicar la medicina y se convirtió en su hogar durante más de 40 años.

En sus 129 años de existencia, el Recre ha competido habitualmente en categorías intermedias, exceptuando tres breves periodos en Primera División, el último de ellos entre 2006 y 2009, y llegando en 2003 a la final de la Copa del Rey. Actualmente, tras graves problemas financieros, milita en Segunda B, la tercera categoría en España, donde juegan ante una media de 7000 espectadores.

El Lysbter FC, que juega en la División 1 de la Liga Amateur de Caithness, quiso celebrar esta conexión el pasado mes de Julio volando hasta Huelva, en Andalucía, para jugar un amistoso conmemorativo con el Recre, en honor del Doctor Mackay. Algo de este vínculo entre Mackay, el Recre y Lybster ya se conocía en el seno de este pequeño club amateur, pero la visita al pueblo el año anterior del historiador del club español, e investigador de la vida de Mackay, Alejandro López Pérez, alimentó el interés en Lybster y propició el ímpetu necesario para un contacto más estrecho entre ambos clubes.

Una expedición de unos 50 escoceses cambió la tibieza del verano en Caithness por la caldera de Andalucía en julio, y sobrevivieron para contarlo. El presidente del club, Donald Henderson, nos habló de su experiencia:

“El viaje fue un gran éxito, nuestros anfitriones no pudieron ser más hospitalarios. Tengo que admitir que íbamos con cierta aprehensión en cuanto al amistoso, por ir a enfrentarnos a profesionales, teniendo en cuenta que nuestro anterior partido había sido con el rival local Halkirk y que nuestros rivales habituales eran otros equipos amateur de la comarca, como Wick Groats, Thurso Swifts o Staxigoe United.

“Y además íbamos a jugar en su estadio, el Nuevo Colombino, con capacidad para más de 21000 espectadores, cuando nuestros partidos son jugados ante unos 100 espectadores, en el Cow Park de nuestro pueblo. Obviamente los rivales españoles iban a ser de un nivel diferente a nuestros chavales, de los cuales el mejor, como mucho, podría aspirar a jugar la Liga de las Highlands. Finalmente, ellos presentaron un equipo de veteranos, con algunos jugadores que habían competido en Primera División en 2009, su última temporada en la élite. No hace falta decir que no eran aficionados.

“Nuestras camisetas habían sido especialmente encargadas para la ocasión con los escudos de ambos clubes junto a un texto conmemorativo. Disfrutamos de una sesión de entrenamientos en su campo la noche antes, y al día siguiente de forma poco sorprendente nos vencieron por 5 a 0. El resultado no tuvo mayor importancia, dado que el encuentro fue jugado en un clima de cordialidad y espíritu fraternal, y fue emocionante jugar en un fabuloso estadio y disfrutar de sus maravillosas instalaciones.

“Dado que suponemos que el Dr. Mackay llevaría con él en su maleta un balón de cuero cuando marchó a España, encargamos una réplica de un balón de cristal en un recipiente de vidrio simulando una maleta, que regalamos a nuestros anfitriones antes del partido.

“Disfrutamos de la visita al museo del club y a su tienda oficial, donde calculo que nuestra expedición se gastó ¡unas dos mil libras en menos de una hora! Esperamos poder organizar un torneo bianual con gente del Recre viniendo a jugar a nuestro campo la Copa Mackay, un muy antiguo trofeo de nuestra región de Caithness, que tenemos la intención de poner en disputa en dicho encuentro”.

El denominador común entre la pequeña villa de pescadores de Caihtness y el importante puerto comercial de Huelva en la costa suroccidental española fue la Compañía minera de Rio Tinto, que explotaba la mina del mismo nombre, a varios miles de millas al norte de este puerto andaluz.

En 1873 un consorcio británico compró estas minas, ricas en cobre y otros minerales, al por entonces económicamente débil estado español, y las empezó a trabajar, desarrollando una intensa y masiva producción de mineral, con la ayuda de personal británico cualificado que fue a residir allí.

Un hermano mayor del Dr. Mackay, John, era el director médico de la compañía desde 1878, y cuando Alexander se graduó en 1882 en  la Universidad de Edimburgo, John le envió un telegrama requiriéndole que viajara rápidamente para ayudarle. Tras un periodo de adaptación, Alexander firmó su contrato inicial con la Compañía el 12 de julio de 1883, exactamente 135 años antes del día de la llegada del equipo de Lybster a Huelva.

En aquel tiempo se fue conformando una “colonia” británica con su barrio de estilo victoriano, sus casas con jardines y su propia sociedad promotora de actividades lúdicas y recreativas, incluyendo cricket, tenis y fútbol.

En Punta Umbría, en la cercana costa atlántica desde donde Colón partió en su ruta hacia América, la compañía construyó las características Casas Inglesas, para los permisos vacacionales y las convalescencias de los empleados, y actualmente se ha recreado una de ellas como Museo que refleja la influencia británica en el lugar, el cual fue visitado por la expedición de Lybster, como también visitaron el Monasterio de La Rábida, donde se trazaron los planes para el histórico viaje de Colón.

A pesar del clima y la cultura tan diferentes, aquellos británicos residentes en esta zona se esforzaron por mantener sus costumbres anglosajonas, y su presencia aportó sin duda una importante y duradera contribución a la vida de la comunidad.

Este fue el entorno que se encontró al llegar a Huelva el joven Mackay, de 22 años, nada más terminar sus estudios universitarios. Nacido en 1860 junto a la Iglesia de la Free Church de Lybster, donde su padre ejercía de ministro presbiteriano, su interés por los deportes se hizo palpable cuando estudiaba en el Royal High School de Edimburgo, donde llegó a capitanear el equipo de cricket, y siguió desarrollándose en la Universidad de Edimburgo, donde jugó a cricket, fútbol y tenis. Una vez ya en Huelva, Mackay continuaría la práctica de esos tres deportes, pero pronto se dedicó activamente a la promoción  del fútbol.

Al poco de llegar ya estaba involucrado en la organización de partidos informales en un terreno de tierra en frente de la fábrica de gas, cuyo director era otro escocés, Charles Adam, de Paisley, también entusiasta del fútbol. Mackay fue el impulsor de la formación en 1884 de la Sociedad de Juegos de Pelota, dedicada a los tres deportes, y asumió el rol principal para concertar partidos de fútbol contra equipos de Riotinto, de las cercanas minas de Tharsis, donde también trabajaban muchos escoceses, y de los barcos británicos anclados en el puerto de Huelva para cargar el mineral.

En esto Mackay quiso diferenciarse de lo que ocurría con otras actividades lúdicas practicadas por sus compatriotas, puesto que no restringió la participación a los británicos, sino que animó decididamente a los jóvenes locales a jugar, proporciónándoles a muchos de ellos su primera experiencia deportiva, entre ellos a José García Almansa, Ildefonso Martínez y Alfonso Le Bourg, que pueden ser considerados legítimamente los primeros futbolistas españoles.

Como ejemplo, la carta de principios de 1888 en la que Mackay invita a Martínez a jugar en los terrenos frente a la fábrica de gas para el día 5 de marzo contra un equipo de tripulantes del barco Jean Cory, fondeado en el puerto. Posteriores relatos de aquellos primeros jugadores españoles lo describen como “el alma y la fuerza motriz de aquellos grupos de amigos” que impulsaba la organización de los primeros partidos.

La popularidad que fueron adquiriendo aquellos encuentros alcanzó tal grado que se decidió formalizar legalmente la fundación del club, y tras las reuniones del 18 y 23 de diciembre de 1889, en el Hotel Colón, el Club Recreativo de Huelva quedó constituido, el primero en España, por lo que se le aplica el apodo de El Decano del fútbol español. Ilustrativo de su concepto originario de ser una sociedad abierta a todos es el hecho de que desde el principio se utilizó tanto su denominación en español como en inglés.

Su primer presidente fue Adam, y Mackay, reconocido como su mano derecha, inicialmente era miembro de la directiva. Adam fue elegido presidente porque dirigía la compañía propietaria de los terrenos en el que se disputaban los partidos, y por una cuestión de respeto, al ser de mayor edad que Mackay y llevar más años en Huelva.

Tres partidos en Huelva precedieron a su primer desplazamiento, para jugar contra un equipo de Sevilla, que se había formado poco después, y que también tenía un presidente escocés, Edward Johnston, además de un capitán escocés, Hugh MacColl.

La carrera deportiva de Mackay pronto se desplazó al arbitraje y a tareas de gestión, incluyendo la supervisión de la construcción del primer campo de juego del club en 1892, el Velódromo, el primer estadio de fútbol de España. Cuando Adam dejó la presidencia en 1896, Mackay tomó el cargo, permaneciendo en él hasta 1924, ejerciendo una enorme influencia benéfica sobre el club, que durante años fue el más fuerte de Andalucía y ganó numerosos campeonatos.

El Recre se convirtió en uno de los miembros fundadores de la Federación Española de Fútbol en 1909, y compitió con cierto éxito en la competición nacional de copa, precursora de la posterior Liga. De hecho otro escocés, William Waterston, fue su primer goleador en una competición nacional cuando anotó en la Copa de 1906 ante el Athletic de Bilbao.

Mientras el club crecía y ganaba en prestigio, la carrera médica de Mackay también lo hacía. Miembro del Real Colegio de Cirujanos (Edimburgo) desde 1889 y de la institución equivalente en España poco después, su enorme reputación atrajo a eminentes pacientes de Madrid y de todo el sur de España, y era reconocido como el mejor cirujano de todo el país, especialmente en cirugía abdominal, por cuyos éxitos el Rey Alfonso XIII le condecoró con La Gran Cruz Blanca.

Tras la petición que le hizo al Rey en 1915 para que aceptara la presidencia honoraria del Recreativo, obtuvo el permiso para usar el título de Real delante del nombre del club, uno de los primeros en obtener este privilegio.

Mackay se integró bien en la vida de la comunidad onubense, no solo por sus logros médicos y deportivos, sino también por sus cualidades personales que todos destacaban. En 1923 la alta estima que se le tenía en toda Huelva llevó a su nombramiento como Hijo Adoptivo de la ciudad.

Sin embargo los tiempos ya estaban cambiando en el fútbol español, con el auge del profesionalismo, una evolución que no gustaba a Mackay, y en 1924 dejó la presidencia. Dos años después, ya con problemas de salud, regresó a Escocia, donde falleció en 1927, a la edad de 67 años, de tuberculosis, en su casa familiar de Heathmount, cerca de Tain, y fue enterrado en el cercano cementerio de Logie Easter.

En Huelva había tenido que sobreponerse a enormes penalidades familiares, ya que su primera esposa y sus cuatro hijos fueron falleciendo, debido a una enfermedad hereditaria, en un periodo de apenas de seis años de diferencia. Después volvería a casarse, con una sobrina de su primera esposa, y tuvo otros cuatro hijos, todos los cuales le sobrevivieron.

Mackay siguió siendo recordado por todos por sus cualidades personales y por su gran labor médica y deportiva, y lo es hoy por la calle rotulada en su honor y en el de su sobrino Ian Macdonald (su colega en la práctica medica), como la Calle de Mackay y Macdonald.

Aficionados del Recre también aspiran a erigir una estatua en su honor. Sería deseable que, tras el reciente homenaje del Lybster FC a Mackay, la toma de conciencia de la importante contribución de este escocés a la historia del fútbol español y a la ciudad de Huelva se difundiera para conocimiento del gran público, especialmente en nuestro país.

Traducción: Alejandro López Pérez