Esta semana el Real Club Recreativo de Huelva conmemora varias efemérides relacionadas con su fundador. El pasado lunes se cumplieron 157 años del nacimiento de William Alexander Mackay, y hoy se cumplen 90 de su fallecimiento, ocurrido el 14 de julio de 1927. Además, el 12 de julio de 1883 firmó su contrato como médico de la Rio Tinto Company Limited, lo que le hizo residir en Huelva.

Escudo clan Mackay

Escudo clan Mackay

El 10 de julio de 1860 nació en Lybster (Escocia) el fundador del Decano del Fútbol Español. William Alexander era el menor de los nueve hijos de John Mackay, pastor presbiteriano de la Free Church de Lybster, pequeña localidad costera de la región de Caithness, en el extremo norte de Escocia. Su padre, que también ejercía de maestro de escuela, le inculcó los principios que habrían de regir su vida: el esfuerzo, la tenacidad y la fortaleza, guiado por el lema en latín que aparece en el escudo del clan Mackay: MANU FORTI (con mano fuerte).

Finalizada su enseñanza primaria, en 1874 se trasladó a Edimburgo para realizar estudios secundarios en la Royal High School, donde llegó a ser capitán del equipo de cricket, y en 1878 se matriculó en la Universidad de Edimburgo, para convertirse en médico-cirujano, siguiendo los pasos de su hermano mayor John Sutherland. Allí practicó cricket, tenis y fútbol, deporte en el que su Universidad ya tenía club constituido y federado desde 1878, el Edinburgh University AFC. En su último año de carrera, dicho club ganó la tercera competición de fútbol más antigua del mundo, la “East of Scotland Shield”.

Su hermano John fue contratado en 1879 por la Rio Tinto Company Limited, entonces la mayor compañía minera del mundo. Era el Jefe del Departamento Médico de la Compañía, y también dirigía las actividades lúdicas del English Club en las Minas de Riotinto, pero necesitaba ayuda, y en 1882 telegrafió a su hermano pequeño, que acababa de licenciarse, para que viniera a España a echarle una mano. Tras varios meses de prácticas, la dirección de la RTC decide contratarlo, con fecha 12 de julio de 1883, para ocupar la plaza de médico en Huelva capital.

Desde ese momento William Alexander se dedicó a atender no sólo a los empleados de la Compañía en Huelva, sino también a los marineros británicos, enfermos o accidentados, de los barcos que llegaban a nuestro puerto para cargar el mineral. Y por propia voluntad, todos los jueves atendía gratuitamente en su consulta a los onubenses sin recursos.

Por entonces ya existía en nuestra ciudad una comunidad británica que intentaba mantener sus costumbres de procedencia, practicando esporádicamente el fútbol, el cricket y el tenis. Convencido de los beneficios del ejercicio físico para la salud, el Dr. Mackay se hizo cargo de la organización de los partidos de “juegos de pelota”. Para la práctica del fútbol y el cricket utilizaban un amplio terreno de marismas cegadas al final de la Vega larga, frente a la Fábrica de Gas que dirigía el también escocés Charles Adam (Paisley, 1848).

Poco después, entre 1886 y 1888, algunos jóvenes onubenses, atraídos por aquel curioso sport y familiarizados ya con sus reglas, le solicitaron tomar parte en los partidos. El Dr. Mackay aceptó encantado, ya que no concebía su club de recreo como algo exclusivo para la colonia británica, y así José García Almansa, Ildefonso Martínez, Alfonso Le Bourg, y algunos otros, se convirtieron en los primeros españoles que jugaron asiduamente al fútbol.

Llegó el momento de organizar el club seriamente: directiva, socios, cuotas, libros de registro y de contabilidad, calendario de actividades… por lo que se convocan dos reuniones para los días 18 y 23 de diciembre de 1889, en los que queda legalmente constituido el Club Recreativo de Huelva. La presidencia recae en un primer momento en Charles Adam, persona de más edad, con más años en nuestra ciudad, también jugador de cricket y fútbol durante su juventud en Paisley y Glasgow, y, sobre todo, responsable del terreno donde se jugaban los partidos. A Mackay, que tiene en esos momentos 29 años, lo nombran Vocal.

En 1892 Mackay y Adam forman la subcomisión del Club encargada de supervisar las obras del Velódromo, el primer recinto deportivo que se construye en España para la práctica del fútbol. De ese año es también la primera referencia conocida del primer escudo del Club, el corazón azul y blanco, con los colores más queridos para él, los que forman parte tanto del escudo del clan Mackay como de las banderas de Escocia y de Huelva (incluso del Lybster FC, fundado en 1887). A partir de 1896 el Dr. Mackay tomaría oficialmente las riendas del Recreativo como Presidente.

Don Alejandro, como todos le llamaban, estaba muy integrado en la sociedad onubense, y Huelva lo quería y admiraba. Era un cirujano excepcional, y su prestigio se extendió tanto que venían a operarse con él, desde políticos y terratenientes, hasta toreros, e incluso alguna diva de la ópera, venidos de muchos puntos: Madrid, Gibraltar, Sevilla, Cádiz, Málaga, Murcia… incluso Ramón y Cajal hizo una visita a su clínica.

Pero la fatalidad se cebó trágicamente con su familia, sumiéndole en el dolor. A causa de una enfermedad hereditaria de su mujer, van falleciendo sucesivamente sus cinco hijos, a muy corta edad, y su propia esposa. Todos se fueron en apenas 6 años, quedándose solo, a miles de kilómetros de su tierra natal. Cualquier otro se hubiera hundido. Pero él no. Se refugió en su trabajo, donde encontraba el consuelo de salvar otras vidas. Y poco después reorganizó el Club, se rodeó de savia nueva en la Directiva, organizó competiciones, envió a Madrid un equipo para los Campeonatos de España de 1906 y 1907, puso en marcha a partir de 1909 los Campeonatos de fútbol de Andalucía, aceptó el desafío de ir a Cádiz en 1912 a disputar la Copa del Centenario de las Cortes de Cádiz y traérsela a Huelva… el Recreativo ganaba siempre, o casi siempre. Era el Club hegemónico en Andalucía, el modelo a imitar, llenaba de orgullo a los onubenses y causaba profundo respeto y admiración fuera de Huelva.

En 1908 se casaría de nuevo, y tendría en los siguientes años otros cuatro hijos, ahora todos sanos. Edifica entonces una nueva y más amplia Clínica, dotada con el instrumental médico más avanzado de la época, para poder atender mejor a todos sus pacientes.

En 1909 Alfonso XIII le concede la Gran Cruz Blanca. Y en marzo de 1915 fue el propio Dr. Mackay el que entregó en mano al Ministro de Gobernación el escrito solicitando al Rey que acepte la Presidencia Honoraria del Club. Desde entonces el Recreativo es Real.

En los años 20 el profesionalismo se extendió por el futbol español, pero él se resistió a modificar el espíritu amateur del Club que un día fundara. La afición, sin embargo, se lamentaba, al ver que el Recreativo ya no podía competir de igual a igual con aquellos a los que antes ganaba. Entonces entendió que los tiempos habían cambiado y decidió dejar la presidencia del Club en septiembre de 1924, cuarenta años después de aquellos primeros partidos que organizara frente a la Fábrica de Gas.

El Ayuntamiento de Huelva le había nombrado en 1913 Hijo Adoptivo de la ciudad, pero no sería hasta el 7 de julio de 1923, en un gran homenaje, tanto oficial como popular, cuando se le hizo entrega del pergamino con dicha distinción, rotulándose además ese día la antigua calle Montrocal con el nuevo nombre de Calle de los Doctores Mackay y Macdonald (denominación que se ha mantenido hasta hoy, si bien el actual rótulo lo simplifica en exceso y lleva a confusión). En aquel día de hace 94 años su discurso de agradecimiento terminó con estas palabras:

Mackay joven

Mackay joven

“He sufrido en Huelva las mayores angustias de mi vida y las mayores alegrías también. Si Dios así lo dispone, muy contento me quedaré para siempre, bajo la sombra de los cipreses, rodeado de amigos, durmiendo el último sueño y esperando el eterno amanecer bajo las estrellas del firmamento azul de Huelva”.

Finalmente no fue así, dado que en 1926, sintiéndose enfermo, tuvo que dejar su afamada Clínica al mando de su sobrino Ian Macdonald, y, tras una emotiva carta al Alcalde de Huelva, en la que se definía como “el más modesto, pero desde luego, el más entusiasta hijo adoptivo de la Gloriosa Onuba”, marchó a la casa donde su familia pasaba los veranos, en la granja de Heathmount, cerca de Tain (Escocia), donde le sobrevino la muerte el 14 de julio de 1927, hace hoy 90 años. Los familiares que le atendieron en sus últimos momentos contaron (y su nieto Colin así nos lo transmitió) que en su lecho de muerte llevaba con él una fotografía de su casa de Huelva.

Hoy sus herederos, los recreativistas, seguimos escribiendo páginas de aquella historia que empezó con él, la primera, la más larga, la del Decano del Fútbol Español.

 

Alejandro López Pérez